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El auge de la ultraderecha y de los superhéroes: efecto correlación

El auge de la ultraderecha y de los superhéroes: efecto correlación

 

El auge de los superhéroes coincide con la expansión del fascismo en los años 30 del siglo XX. Ahora, con la ultraderecha envalentonada en el mundo, aumenta la producción de películas y series de superhéroes. ¿Hay relación entre ambos hechos?

Superman vs. Hitler

  1. El año que Alemania concedió plenos poderes a Hitler, en Estados Unidos se publicó el cuento Reign of Superman, la primera historia no oficial del hombre de acero.

Hitler y Mussolini, y más tarde Franco, eran los líderes más tristemente llamativos de la Europa de los años 30 que, hambrienta, harta de huelgas y revueltas, abrazó a políticos ultraconservadores o fascistas. (Con frecuencia se oculta que Winston Churchill simpatizaba con el fascismo. En su visita a Italia, agradeció a Mussolini haber acabado con el movimiento obrero italiano, como recoge Churchill by Himself : The Definitive Collection of Quotations (2011) del historiador Richard Langworth).

 

 

Los creadores de Superman eran dos adolescentes judíos de Cleveland: el escritor Jerry Siegel y el dibujante Joe Shuster. Siegel aseguró que la idea fue una reacción al ascenso del nazismo.

La hambruna y el miedo forman parte del argumento de El reinado de Superman: un científico convierte a un vagabundo en un superhombre con superfuerza, superinteligencia, el poder de leer y manipular la mente, y la capacidad de volar. Pero este no es el Superman que conocemos: este personaje quiere ser el amo del mundo: es el superhombre de Hitler. Crea el caos entre las naciones para proponerse como única y firme solución.

El argumento parece inspirado por los últimos movimientos de Hitler, que demandó plenos poderes tras el incendio del Reichstag (edificio del Parlamento alemán) por autores desconocidos.

El tono social baña cada párrafo del relato de Siegel. Comienza con una imagen habitual de la época tras el Crack del 29: la cola del pan, donde los hombres arrastran los pies hambrientos y amargados. El final es moralizante: el superhombre fascista pierde los poderes tras crear el caos y acaba en la cola del pan. «Cuánto bien podría haber hecho con tanto poder», se lamenta al vagabundo. (Una frase precursora de «un gran poder conlleva una gran responsabilidad»).

Siegel y Shuster reconsideraron al personaje y lo convirtieron en el superhéroe que conocemos. (Quizá sea el primer reinicio —reboot—: de supervillano a superhéroe). Cuando llegó a los cómics en 1938, se convirtió en un paladín de los oprimidos contra políticos corruptos y empresarios especuladores además de defender la Tierra de amenazas galácticas.

Superman no fue el primer superhéroe nacido en los años 30 fruto del miedo ni sería el último de la imaginación de guionistas y dibujantes, la mayoría judíos, como expone Danny Fingeroth, editor de Marvel, en el libro Disguised as Clark Kent: Jews, Comics, and the Creation of the Superhero (2007).

Mucho antes del ascenso de Hitler, el antisemitismo en los Estados Unidos cerraba las puertas a los artistas y escritores judíos en periódicos y editoriales «respetables». Estos artistas se vieron obligados a americanizar sus nombres y apellidos y a trabajar en el mundo de los cómics. La doble vida de los superhéroes era una metáfora de la vida de los judíos en Estados Unidos. Antes, no había superhéroes; solo héroes con una sola cara: John Carter, Buck Rogers, Conan, Tarzán, Flash Gordon… (con algunas excepciones como el Zorro).

Los superhéroes y la propaganda de guerra

Tras el éxito de Superman, llegaron otros superhéroes de artistas judíos: Arrow, Batman, Linterna verde… y en plena Segunda Guerra Mundial nacieron Capitán América, Wonder Woman y otros como parte de la propaganda de guerra norteamericana. En cualquier caso, todos los superhéroes acabaron luchando contra los nazis.

 

 

Tras la Segunda Guerra Mundial, los cómics redujeron la tirada anual en Estados Unidos: de 50 millones a 25 millones de ejemplares. Desaparecieron superhéroes. Y otros cayeron en desgracia.

La cruzada antifascista contra los cómics

El psiquiatra Fredric Wertham inició una cruzada contra los cómics que caló en una parte importante de los padres. Para Wertham, los superhéroes corrompen a la juventud, conduce a la delincuencia, el fascismo y la homosexualidad.

Batman. DC.

Para Wertham, el fascismo estaba en el uso desmedido de la fuerza contra los oponentes, que no rendían cuentas a las autoridades y no se consideraban responsables de los daños colaterales. Muchos creadores no habían reparado en ello. Los judíos Bob Kane y Bill Finger concibieron a Batman simplemente como el Zorro con los artilugios de un moderno da Vinci.

Distintas campañas anticómics acabaron cerrando pequeñas editoriales. Superman sobrevivió gracias a la serie de televisión protagonizada por George Reeves en la que luchaba contra científicos locos, robots, extraterrestres… Batman se recicló: actuaba a requerimiento de la autoridad (cuando aparecía la batiseñal) y sus enemigos eran enmascarados cada vez más extravagantes. Y por supuesto, Batman y Robin dormían en cuartos separados.

Sin embargo, no desapareció la idea de que Superman y Batman eran fascistas con mallas. Una sombra que llegó hasta nuestros días. Esta percepción se debe en parte a que desconocemos la vida privada de Superman y Batman más allá de momentos anecdóticos. No son vistos como personas corrientes. Uno es un súperalienigena y el otro forma parte de una élite económica depredadora embarcado en una cruzada personal contra el mal.

Marvel y los héroes con problemas personales

Spiderman. Marvel.

Stan Lee y Jack Kirby, también artistas judíos, entendieron la situación cuando crearon Los cuatro fantásticos (1961). Nadie podría considerar a esta familia, a veces mal avenida, como fascista. Estos personajes marcaron la tendencia de los nuevos héroes Marvel: tenían inseguridades, conflictos internos y amorosos mientras lidiaban con poderes que no habían elegido. Estas debilidades explican en gran parte el atractivo de los personajes Marvel hasta ahora. Spiderman, los 4 Fantásticos, los X-Men, Hulk…

El escritor Bradford W. Wright indicó en Comic Book Nation (2001) que los superhéroes de DC eran ricos de ciudades ficticias (Metropolis, Gotham…), y protagonistas de historias con el argumento del bien contra el mal. Argumentos simplistas, conservadores.

«Marvel a veces se ocupaba de temas que inquietaban a los jóvenes en las universidades», asegura Wright. El bien contra el mal no era un argumento. Los villanos tenían un trasfondo trágico.

En estos años 60 contestatarios, Batman resucitó como icono pop con la serie de televisión de tono teatral y absurdo, protagonizada por Adam West. Fue un lavado de cara completo.

Marvel, siempre atenta a los cambios sociales, introdujo en los 70 superhéroes negros en los barrios más deprimidos de las grandes ciudades. Los villanos eran traficantes grandes y pequeños de drogas y de armas. Los X-Men (La Patrulla-X en España) abrazaron a mutantes de los países del Este en plena Guerra Fría. El mensaje: no hay diferencias entre las personas de uno y otro lado; todos compartimos los mismos problemas, sueños y esperanzas. Eran los tiempos de la Revolución de las Flores, de la crítica a la guerra de Vietnam, a la violencia institucional, al materialismo y la cobardía de la sociedad.

La influencia de Reagan en la cultura

De aquella revolución solo quedaron los ecos a comienzo de los 80. Quienes quisieron cambiar el mundo se apartaron de la sociedad o fueron engullidos por la maquinaria. Recordamos la música, las modas, pero los barrios pobres de Occidente fueron asolados por las drogas y la violencia. Mucho más lejos quedaba la memoria de la ultraderecha que asoló Europa y el mundo. Los telepredicadores conquistaron la televisión estadounidense. El líder de grupo integrista Mayoría Moral consiguió votos para Ronald Reagan (más tarde apoyaría a George Bush padre).

Era el comienzo de una época cuyas consecuencias pagamos ahora (la inasumible brecha entre ricos y pobres, el terrorismo musulmán, Trump, el populismo, el auge de la ultraderecha…). Ronald Reagan y Margaret Thatcher no eran los dueños del mundo, pero actuaban como si lo fueran, y fueron ejemplos en los que la derecha europea se miró: azote de los sindicatos, recortes de los derechos de los trabajadores…

El conservadurismo se reflejó en el cine, la televisión y por supuesto el mundo de los superhéroes. Las películas desmitificadoras de mitos de los 70 y las que mostraban los claroscuros de las personajes quedaron relegadas. De Bonnie and Clyde o Cowboy de medianoche se pasó al poli duro, hetero y de gatillo fácil. Del Rambo (1982) que critica las consecuencias del Vietnam al Rambo (1985) que se convierte en arma letal a mayor gloria del tío Sam. Entre los nuevos héroes está el joven con la ambición de conseguir el primer millón de dólares antes de los 30.

La saga cinematográfica de Superman (1978-1987) con Christopher Reeves es ejemplo de la nueva cultura conservadora. Una saga que fascina con la estudiada ingenuidad del actor, la banda sonora de John Williams, la dirección de cuento de hadas de Richard Donner y después la cómica de Richard Lester. Pero la simple historieta tenía un mensaje: Estados Unidos cuida de vosotros. Hay una escena reveladora: Superman/Christopher Reeve porta una bandera de los Estados Unidos al Capitolio destruido y pide perdón al presidente por sus ausencias.

 

 

Superman era el perfecto hijo de la América de Reagan. El espectador del cine popular, que rehuía del cine comprometido de los 70, abrazó a este Superman. Pensar en buenos y malos, sin matices, es sencillo.

Cómics contra la América de Reagan

Entonces, llegó la disidencia. Los cómics que mostraban la cara siniestra de los justicieros enmascarados. Historias como El regreso del Caballero Oscuro (1986, Frank Miller) o Watchmen (1986, Alan Moore/Dave Gibbons) comenzaron a socavar el concepto del superhéroe con fines nobles. Los protagonistas de estas historias no son héroes altruistas ni siquiera cruzados; tienen intereses propios, a veces oscuros.

Miller sí entendió el Superman protagonizado por Reeves y lo quiso remarcar. Convirtió a Superman en un secuaz de un Ronald Reagan centenario, perpetuado en el poder. En esta novela gráfica, el hombre de acero es el único héroe autorizado por el gobierno.

Una de las órdenes de Reagan a Superman es que acabe con Batman, el último superhéroe activo. La obra de Miller es cínica: Batman es un justiciero letal que no rinde cuentas a nadie, pero Superman es un pelele de Reagan, de la Mayoría Moral. La inquietante premisa desaparece en la película Batman vs. Superman (2016).

La influencia de la política conservadora de Reagan también se observa en el cómic Legends con guion de John Ostrander.

Legends. John Ostrander. DC.

Aunque los superhéroes del cine actual tienen un carácter más complejo que 50 años atrás, eluden las complejas cuestiones políticas y sociales. Luchan entre ellos, contra villanos desquiciados o villanos galácticos con un montaje acelerado y miles de efectos especiales.

Alan Moore vs. superhéroes

El escaqueo de cuestiones candentes que practica el cine de superhéroes llevó a Alan Moore a decir en una entrevista concedida al blog de cómic Slovobooks (2014):

«La audiencia de películas de superhéroes está ahora compuesta casi por completo por adultos ansiosos por ver personajes y situaciones creados para entretener a los chicos de 12 años de hace 50 años. En mi opinión, este interés por personajes de mediados del siglo XX parece indicar un retiro de las complejidades de la existencia moderna. Esto es potencialmente catastrófico, nos encontramos con la nostalgia del siglo pasado dominando posesivamente el ámbito cultural, impidiendo una cultura propia, relevante y suficiente para los tiempos que corren».

El concepto de catástrofe cultural caló pronto en Hollywood. Ese mismo año, Alejandro González Iñárritu lo utilizó para promocionar Birdman. Más tarde, se sumarían otros directores de cine y creadores de cómics.

¿Son acertadas o erróneas las palabras de Alan Moore?

Los superhéroes como herederos de la mitología antigua

En todas las épocas y culturas hay ficciones de grandes héroes que derrotan a grandes villanos. Historias que son el resultado del inconsciente colectivo de los pueblos. En ocasiones, las mitologías traspasan las épocas. El Renacimiento no creó una mitología propia; tomó impulso con las culturas griegas y romanas que habían sido eclipsadas durante la Edad Media.

Sin duda, Zeus, Hércules o Afrodita no explicaban las complejidades de la Europa de los Medici y los Borgia, de los papas y antipapas en el Vaticano. Complejidades cuyas soluciones muchos quisieron encontrar en El Príncipe de Maquiavelo. Pero los mitos antiguos permitieron a los artistas escapar del arte religioso y mostrar al público otros temas. En fin, permitieron la renovación de las ideas.

La mitología griega estuvo presente en la cultura europea hasta bien entrado el siglo XX. Según University College London, se filmaron miles de películas sobre la mitología clásica y las culturas antiguas durante el cine mudo, pero tan solo 400 han sobrevivido en colecciones privadas.

La aparición de Superman, oficialmente el primer superhéroe, fue el comienzo de una mitología fruto de la desesperanza y los temores del momento. Mitología que ha sabido adaptarse a los miedos del público… ahora más que nunca en televisión.

Las series de superhéroes del siglo XXI

En la segunda década del siglo XXI, la televisión por cable y las emisoras en streaming están desarrollando historias atrevidas, comprometidas y que toca temas candentes. Esto también se refleja en una nueva hornada de series con superhéroes: Daredevil, Luke Cage, Capa y Puñal, Titanes… Estos superhéroes sin fama ni medios deambulan por barrios bajos entre prostitutas, mendigos, desahuciados… Héroes que no quieren ser héroes, que se debaten entre pasar desapercibidos o el uso justo de los poderes.

Daredevil. Marvel/Netflix.

Sus enemigos no son figuras caricaturescas ni criaturas cósmicas sino villanos con traumas, con claroscuros. Villanos que la audiencia considera probables: ejecutivos de grandes corporaciones farmacéuticas, energéticas o financieras; gobernantes corruptos; fundaciones siniestras que pretenden un nuevo orden mundial que rinda culto a la fuerza «porque el dinero no es suficiente», como señala uno de los villanos de Agentes de SHIELD, un poderoso hombre de negocios. Estos villanos usan la fuerza o secuaces letales, pero mucho antes recurren al control tecnológico de las personas, el soborno a funcionarios públicos y la manipulación de los medios de comunicación.

Con frecuencia, estos superhéroes utilizan los poderes a su pesar, pero el mensaje es distinto al de las películas. Un miembro de Los Vengadores o La Liga de la Justicia salva una ciudad sin ayuda de nadie o el planeta con ayuda de compañeros superpoderosos. Los superhéroes de televisión con frecuencia necesitan el apoyo emocional y la ayuda de personas corrientes. ¿Cuál es el mensaje? La lucha contra las injusticias es una tarea común.

Un futuro no tan oscuro

A pesar de las cancelaciones, nuevas series de superhéroes llegan a las pantallas grandes y pequeñas cuando la ultraderecha emerge en Europa, Estados Unidos y Brasil con discursos de odio como 90 años atrás aunque maquillados. «Somos patriotas» es el lema común del populismo de derechas. La ultraderecha alimenta el miedo y crecen las películas, series, noticias sobre los universos Marvel y DC.

Curiosamente, estos tiempos no son oscuros como los que sucedieron al Crack del 29. Es cierto que ahora millones de personas viven con sueldos ínfimos, pero no hay cola para el pan. (Parece que el capitalismo ha establecido qué sueldo mínimo soportará un trabajador para no llevar a los dirigentes a la guillotina). De una manera objetiva, el mundo ha mejorado en salud, alfabetización y libertades según las estadísticas expuestas por el doctor en economía Max Roser en Nuestro Mundo en Datos.

Entonces, ¿por qué con frecuencia pensamos que el mundo está mal? Según Roser, no nos percatamos del cambio porque estamos bombardeados por noticias que generan malestar, noticias que solo representan fragmentos de la realidad. Ante esto, las personas progresistas quieren mejorar las cosas; las personas conservadoras, revertir los cambios.

Ante esto, surgen preguntas. ¿Las historias de superhéroes en televisión contribuyen a fomentar el miedo, son un consuelo o un mero entretenimiento? ¿Qué otros mitos podrían explicar las complejidades actuales como apunta Alan Moore? Sea como sea, muchos esperamos la próxima película o serie de superhéroes sin dejar de mirar cómo marcha el mundo.

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